Por Directora de ODP, Mónica Lenoci
Hablar del suicidio sigue siendo un desafío. Pero el silencio no protege. Por el contrario, informar con responsabilidad, promover espacios de escucha y garantizar el acceso a la salud mental son herramientas fundamentales para prevenir estas muertes.
El suicidio constituye un importante problema de salud pública, tanto en Argentina como en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año a nivel global. Además, se encuentra entre las principales causas de muerte entre adolescentes y jóvenes.
En Argentina, los datos oficiales muestran que en 2021 se registraron 2.865 suicidios, de los cuales el 80% correspondió a varones. Los adolescentes y jóvenes de entre 15 y 24 años se encuentran entre los grupos más afectados, aunque se trata de una problemática que atraviesa distintas edades y realidades sociales.
Pero detrás de cada número hay una persona, una familia y una comunidad atravesadas por el dolor. El suicidio no puede explicarse por una única causa. El sufrimiento psíquico, el aislamiento, la violencia, los consumos problemáticos, las dificultades económicas, las desigualdades sociales y las barreras para acceder a una atención adecuada pueden formar parte de situaciones complejas que requieren respuestas integrales.
Por eso, la prevención no puede quedar únicamente en manos de quienes atraviesan una situación de sufrimiento ni de los equipos de salud. Es una responsabilidad colectiva.
Desde el Observatorio de Pacientes sostenemos que prevenir también significa construir comunidades capaces de escuchar sin juzgar, acompañar sin estigmatizar y reconocer las señales de sufrimiento. Significa fortalecer las redes familiares, comunitarias, educativas y sanitarias para que ninguna persona sienta que debe atravesar sola una situación de dolor.
También significa exigir políticas públicas sostenidas, equipos de salud fortalecidos y un acceso equitativo y oportuno a la atención en salud mental. La salud no es solamente la ausencia de enfermedad: es también el derecho a contar con condiciones de vida, vínculos y espacios de contención que permitan atravesar las dificultades y pedir ayuda.
Hablar responsablemente sobre el suicidio no significa generar alarma. Significa romper el aislamiento, reducir el estigma y abrir puertas para que quienes sufren puedan encontrar acompañamiento.
Cada conversación que permite expresar un dolor, cada persona que escucha y cada espacio que ofrece contención pueden ser importantes. La prevención empieza, muchas veces, cuando dejamos de mirar hacia otro lado.
Cuidar la salud mental es cuidar la vida. Y cuidar la vida es una tarea que nos involucra a todos.
Fuentes: Organización Mundial de la Salud (OMS) y Organización Panamericana de la Salud (OPS).

