Por Daniela Bertotto
Hola mamá:
Hoy te vi saliendo de neo por primera vez, con tu cara de miedo, tu mentón bajo, tu lento caminar, y me recordaste a mí hace algunos años. Encontraste un mundo para el que nadie te preparó y el que marcará tu vida para siempre. Quiero decirte que te entiendo y que sepas no estás sola.
Cuando pensamos en el momento del parto, sea cesárea o parto natural, siempre imaginamos el maravilloso momento de tener a nuestro hijo sobre nuestro pecho, de prenderlo de la teta y pasar horas mirándolo, creando el más bello lazo de amor. Pero pasó que a penas lo viste pasar, como si se escurriera ante tus ojos, ese ser que estaba dentro tuyo, ahora se lo llevaron casi sin tu consentimiento. Llegaste sola a la sala, sin saber cómo está, quien lo está cuidando, ¡hasta hace unas horas era una parte de ti! Y lo más triste es que sabes que es la única forma de salvarle la vida. Ese momento es duro para todas.
Cuando por fin te podés levantar e ir a verlo, tenés que pedir permiso, seguir órdenes y preguntar quién es tu hijo en una fila de camitas llenas de bebés.
Hoy ya lo viste y salís con ganas de llevártelo, pero sabiendo que su mejor opción es quedarse, rezando para que este bien y se recupere. Quizás mañana o en un par de días te tendrás que ir a casa sin él, venir de visita a verlo y pasar por mil estados. Te sentirás solas, incomprendida, refugiate en tus seres queridos, y en las otras mamás, que son las que más te van a entender. Llora cuando lo necesites, tenete paciencia, cuidate. Vendrás despeinada, con ropa suelta y sin maquillaje, porque tus ojos solo miraran a tu bebé. Comerás poco y dormirás menos, y lo único que te renovará es recibir un parte alentador.
Se fuerte, esta es tu declaración de vida. En cada visita, cada vez que veas a tu niño, demuéstrale lo feliz que estás de tenerlo con vos, hablale, sonreile, cantale, tocalo, que se contagie de tus ganas, porque eso, querida mamá, es lo que le dará fuerzas para recuperarse. Enseñale a amar la vida que le diste honrándola con amor.
Que aprenda de tu valentía y persevere en su lucha, como vos, yendo cada día, que se llene de tu amor, el verdadero alimento del alma, y que, en cada sonrisa, en cada palabra, tome la vida que le diste y la hagas florecer, y sean días, sean meses o años, sepa lo agradecida que estas de haberlo conocido.

