Por: Daniela Bertoto
Con el mate en mano y dispuesta a comenzar un nuevo día, me encuentro una vez más con la ironía y crueldad que reflejan las noticias argentinas, sobre todo en este último tiempo. Hoy les voy a hablar de un tema del que escuchamos mucho en estos días, que me toca muy de cerca, y que parece afectarnos a unos pocos, pero que nos pertenece e interpela a todos, LA DISCAPACIDAD.
Como mamá de una niña con discapacidad, referente en temas de inclusión y representante del Observatorio de Pacientes, mucho podría traerles sobre esto, pero este artículo pretende contarles, principalmente a quienes no la viven de cerca, cómo está realidad NOS ESTÁ AFECTANDO A TODOS.
Los desafíos de las personas con discapacidad, y sus familias, históricamente fueron mayores a los que viven las personas que no la tienen. La principal causa radica en la dificultad que conlleva vivir, con esas características, en un sistema que no está preparado para posibilitar la calidad de vida de todos. El actual concepto de Discapacidad (que indica la última Convención de las Personas con Discapacidad de la ONU) resalta esto en su definición, indicando que es la interacción que esas personas tienen al encontrarse con barreras limitantes en su entorno de desarrollo.
Con los avances tecnológicos y humanos, las personas con discapacidad lograron conquistar derechos que comenzaron a darles respuestas, interviniendo esas barreras y mejorando su calidad de vida. Esto implica cuestiones, sociales, habitacionales, educacionales, comportamentales, pero sobre todo políticas de salud, que les aseguran, muchas veces, la vida.
El sistema de prestaciones de personas con discapacidad siempre ha estado en crisis en Argentina, pero con las decisiones gubernamentales de este último tiempo (reducción de presupuesto para programas, desactualización de aranceles profesionales, cierre de la Agencia Nacional de Discapacidad, veto a la implementación de la Ley de Emergencia en Discapacidad, etc.) ha pasado a estado de abandonado. Esto implica personas con falta de tratamientos, medicación y terapias, niños con menores posibilidades de desarrollo y supervivencia, familias desesperadas, personas desempleadas, y profesionales que sostienen con su vocación, indignas condiciones de trabajo para poder seguir prestando servicio.
Pero, sobre todo, hay un aspecto crucial en el resultado de esta toma de decisiones, UN RETROCESO COMO SOCIEDAD.
¿Por qué creo que esto NOS AFECTA A TODOS? Porque en una era dónde se está hablando de la equidad como un valor fundamental, en dónde los objetivos de desarrollo de la ONU incluyen políticas de inclusión y hasta las grandes empresas invierten en departamentos de diversidad e inclusión laboral de personas con discapacidad, que vivamos en un país donde se les este negando los derechos básicos de una vida digna, nos invita a preguntarnos hacia dónde estamos yendo. Porque involucionamos como sociedad, y nos estamos perdiendo de valorar la riqueza que implica crear una cultura heterogénea, diversa y polivalente, eso que nos da innovación, nos da evolución, nos da dignidad.
Con esto solo los invito a escuchar nuestras voces y reflexionar (como a las de otros tantos colectivos subrepresentados), para poder distinguir cómo una política elitista, deja a fuera a quienes no abonan a una productividad cruel, vieja y devastada, y pone el foco en construir posibilidades para uno pocos que nos dejan afuera a todos.

